El sobrepeso y la obesidad infantil son uno de los principales problemas de salud pública del siglo XXI. Los niños y adolescentes obesos o con sobrepeso tienen un mayor riesgo de obesidad y de otras enfermedades crónicas como la diabetes mellitus, las enfermedades cardiovasculares y la dislipidemia en la edad adulta.
Según diferentes estudios, el riesgo de obesidad en los niños y adolescentes que se saltan el desayuno es un 43% mayor que en los que desayunan regularmente.
El desayuno se define como la primera comida del día, se toma dentro de las 2 h posteriores a la hora de despertarse y, por lo general, no más tarde de las 10:00. Debe incluir del 20 al 35% de la necesidad total de energía La “crono-nutrición” ha sido investigada en el contexto de la obesidad, ya que se ha demostrado que comer en el momento “incorrecto” del día puede inducir un aumento de peso.
El sobrepeso y la obesidad son el resultado de una interacción de varios elementos, como los factores genéticos, el peso al nacer, la lactancia, la obesidad de los padres, la actividad física, el nivel socioeconómico, la edad o el sexo, entre ellos, indudablemente, también influyen los hábitos alimentarios, en particular el desayuno, la primera comida del día, que tiene un papel fundamental en el equilibrio energético y en la regulación de la dieta. Está bien establecido que los patrones dietéticos saludables juegan un papel clave en la ingesta total de energía y el control del peso. Según diversos estudios, el desayuno se asocia con patrones dietéticos saludables. Se ha indicado que los niños que se saltan el desayuno consumen porciones de comida más grandes y comen alimentos más densos en energía, como la comida rápida, a lo largo del día que los niños que desayunan regularmente, los cuales tienen más probabilidades de tener una mejor calidad de la dieta y una mayor ingesta de grupos de alimentos clave, tales como frutas, lácteos y fibras dietéticas, además, de cubrir las recomendaciones de micronutrientes.
Hay varios mecanismos que pueden explicar la relación entre desayunar y el control del peso, uno de ellos son los efectos del desayuno sobre el apetito y la ingesta total de energía. Diversos estudios informan de un peor perfil de lípidos, mayor prevalencia de síndrome metabólico, niveles de insulina más altos y también una mayor presión arterial, en niños que no desayunan frente a niños que si lo hacen. Con respecto al colesterol, también se encuentra aumentado.
En conclusión, el desayuno es una comida importante para regular el equilibrio energético y probablemente sea una estrategia preventiva para disminuir el riesgo de adiposidad. El momento de tomar el desayuno, su composición, comer u omitir otras comidas y los patrones dietéticos puede desempeñar un papel fundamental en el riesgo de sobrepeso y obesidad.
Parece que los niños y adolescentes que desayunan tienen un mejor perfil nutricional en términos de micro y macronutrientes.
La educación nutricional en las escuelas puede ser una estrategia eficaz para alentar a los niños y sus padres a consumir comidas regulares. Dedicar incluso un breve tiempo a introducir dietas saludables puede ser útil para prevenir algunas enfermedades crónicas a lo largo de la vida.
